Durante esta semana hablamos de Parménides y de su discípulo Jenófanes.
En cuanto a los registros existentes sobre Parménides, tenemos una cantidad considerable frente a los filósofos previos, incluído su famoso poema. La mayor contribución de Parménides recae en la distinción entre lo que es, y lo que no es, afirmando que aquello que es es, y no puede no ser. Si bien dicho planteamiento puede parecer evidente, es de gran importancia para el desarrollo de la lógica. Dentro del poema indica que existen tres caminos: uno que no es, por lo que no puede ser transitado, el de los ignorantes y el de los sabios. Además de que hace más evidente el carácter elitista de la fiosofía, con esto Parménides nos dice que los hombres transitan un camino erróneo pensando que es verdadero, e ignorando la existencia de los otros caminos. Para Parménides, el sabio debe conocer la existencia de los tres caminos, recorrer el de la sabiduría, a sabiendas de que jamás podrá llegar a la verdad absoluta sino a lo verosímil, y recorrer el del ignorante sabiendo que está engañado. Así mismo, aunque al igual que Heráclito piense que el todo se compone de opuestos (ser y no ser), para Parménides la lucha de fuerzas es absurda, puesto que nada puede ser y no ser, independientemente del tiempo. Lo que no es no es pensable, por lo que los seres humanos sólo podemos comprender lo que, es decir, lo que existe dentro de nuestras dimensiones (tiempo y espacio). Por último, cabe añadir que considera que el derecho a la sabiduría lo otorga el deseo, por lo que no todos quieren ni deben ser sabios.
Ahora, respecto a Jenófanes, su mayor aporte está en la teología. Según él, la idea que se tenía acerca de los Dioses era ridícula, pues, en dado caso cada cultura podía crear a sus dioses a su semejanza, y si los animales tuviesen dioses así mismo los pensarían como animales. Propone que sólo existe un Dios, esférico, omnipresente y omnipotente, cuyo físico y cuyo pensamiento es totalmente diferente al humano.

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