domingo, 30 de agosto de 2015

Parménides y Jenófanes

Durante esta semana hablamos de Parménides y de su discípulo Jenófanes.
En cuanto a los registros existentes sobre Parménides, tenemos una cantidad considerable frente a los filósofos previos, incluído su famoso poema. La mayor contribución de Parménides recae en la distinción entre lo que es, y lo que no es, afirmando que aquello que es es, y no puede no ser. Si bien dicho planteamiento puede parecer evidente, es de gran importancia para el desarrollo de la lógica. Dentro del poema indica que existen tres caminos: uno que no es, por lo que no puede ser transitado, el de los ignorantes y el de los sabios. Además de que hace más evidente el carácter elitista de la fiosofía, con esto Parménides nos dice que los hombres transitan un camino erróneo pensando que es verdadero, e ignorando la existencia de los otros caminos. Para Parménides, el sabio debe conocer la existencia de los tres caminos, recorrer el de la sabiduría, a sabiendas de que jamás podrá llegar a la verdad absoluta sino a lo verosímil, y recorrer el del ignorante sabiendo que está engañado. Así mismo, aunque al igual que Heráclito piense que el todo se compone de opuestos (ser y no ser), para Parménides la lucha de fuerzas es absurda, puesto que nada puede ser y no ser, independientemente del tiempo. Lo que no es no es pensable, por lo que los seres humanos sólo podemos comprender lo que, es decir, lo que existe dentro de nuestras dimensiones (tiempo y espacio). Por último, cabe añadir que considera que el derecho a la sabiduría lo otorga el deseo, por lo que no todos quieren ni deben ser sabios.

Ahora, respecto a Jenófanes, su mayor aporte está en la teología. Según él, la idea que se tenía acerca de los Dioses era ridícula, pues, en dado caso cada cultura podía crear a sus dioses a su semejanza, y si los animales tuviesen dioses así mismo los pensarían como animales. Propone que sólo existe un Dios, esférico, omnipresente y omnipotente, cuyo físico y cuyo pensamiento es totalmente diferente al humano.


sábado, 8 de agosto de 2015

Del mito al logos y los primeros pensadores

Durante esta semana nos concentramos en dos temas: el paso del mito al logos y en los primeros filósofos de la Grecia antigua. 
Lo primero es establecer la diferencia entre el mito y el logos. El mito se define como un relato de carácter sobrenatural -los protagonistas suelen ser dioses o humanos con cualidades extraoirdinarias- y buscan dar una explicación a la realidad (estando el mito asociado al culto). El logos, por otro lado, implica un cambio en el pensamiento; se dejan de lado las explicaciones sobrenaturales, buscando el origen del cosmos por sí mismo, basándose en argumentos y en la razón. Existe una relación entre el mito griego y el surgir del logos: un ejemplo es el culto a Océano y el principio de Tales de Mileto del agua como arjé. Así mismo, existe una relación entre el poeta y el filósofo.
Este cambio de pensamiento se dio en Asia occidental (Mileto) y hay una serie de aspectos que podrían explicar por qué se dio aquí y no en otro lugar. Mileto se trataba de una metrópolis a donde llegaban conocimientos de todos los lugares del mundo civilizado, lo cual se le atribuye a su ubicación geógrafica. Contaba con prosperidad económica y un ambiente de carácter libre, pues incluso la religión -aunque no había propiamente oposición- era débil frente a la autonomía del hombre. El buscar explicaciones racionales de la realidad implica cuatro grandes cambios en la mentalidad del sabio: el mundo es comprensible, los humanos podemos conocerlo, el cosmos es ordenado y por lo tanto hay que confiar en la razón.
En este lugar nace al que posteriormente Aristóteles, dentro de su obra, se referiría como el primer filósofo, Tales de Mileto. Tales explica la realidad desde una sola sustancia -el agua- y la considera el principio de todas las cosas. Basa su argumento en el principio del movimiento, pues el agua es aquello que se encuentra en todo ser vivo. 
Anaximandro, por otro lado, entiende el mundo desde lo "indeterminado", y considera el áperion como principio de todas las cosas. Considera que el principio fundamental no es ninguno de los elementos, sino aquello superior al espacio o al tiempo. Si bien el áperion es el principio, a  lo que surge de él, es decir lo material o la misma vida, los rige el tiempo. 
Cabe mencionar que toda la información que se tiene acerca del pensamiento de estos hombres proviene de testimonios posteriores, y dicha información es realmente escaza. 

sábado, 1 de agosto de 2015

Respecto a los antescedentes

El texto de Mondolfo  nos plantea las distintas relaciones que pueden haber entre los antescedentes y el pensamiento de un autor, partiendo de que estos siempre van a estar presentes. Cuando alguien postula una idea puede estar de acuerdo o en oposición de un antescedente; de estar de acuerdo puede existir una influencia tanto consciente como inconsciente, mientras que en la oposición, el rechazo al antescedente implica reconocerlo. 
La dependencia inconsciente parte de que varias ideas  atraviesan el tiempo por medio de otras; se trata de una continua sucesión de pensamientos y por lo tanto, es sencillo que el autor las adopte dentro de su conocimiento sin entender -incluso sin cuestionarse- de dónde derivan. Es más, puede que incluso siendo consciente de su antescedente, un autor o adopte sin comprender totalmente  a lo que este realmente se refería. Así mismo, cuando se hace una consulta consciente, los antescedentes pueden darse tanto en obras y fragmentos, como en testimonios y registros posteriores.
Sin embargo, ya sea consciente o incosciente, o si se actúa en contra o a favor, el antescedente es un componente necesario dentro de la producción filosófica, mas no nescesitante. El antescedente cumple varias funciones para fundamentar una postura, por ejemplo: pueden ofrecer un soporte desde el pensamiento antiguo, o pueden evidenciar que dicha idea se repite en ámbitos espaciales y/o culturales totalmente diversos. A pesar de ello, el antescedente por sí mismo no basta, pues documentar y repetir estas ideas, si bien forma parte del proceso de estudio de la filosofía, no llega a ser un verdadero aporte.